La quedada co
n uno de los zapadores/exploradores de Mountainñeros era a las 09.00 de un maravilloso Domingo de Primavera.
Con algo de incertidumbre por ver como respondía mi organismo tras tanto tiempo de parón ciclista, (por lo menos para distancias mayores a 5 km y a ritmo de bicicleta con cestita) cogí el bólido y a la negrita que ahora tengo por montura (la vieja Anduril esta ciclando las sendas con otro jinete por razones de tamaño del caballero) y salí para el Mosca Jilton, legendario lugar en la ribera del Guadarrama que sigue inalterable al paso de tiempo( y donde puede comerse con cierta solvencia y bien de precio) como habíamos quedado.
Mi compañero de ruta (Otto, el más activo de los que colaboramos con este pequeño espacio en la web) calculó que iba a tomarle más tiempo llegar desde Majadahonda (iba en bici no creáis), pero el Cola-Cao de por la mañana y que está hecho un toro (¿donde queda aquel Cacaito que cuando la senda picaba para arriba se descolgaba y que siempre se calificó a si mismo como un rodador solvente?) le hizo recortar tiempo, y cuando llegué en mi bólido cargado con mi burrita ya estaba esperando para iniciar el camino hacía el castillo del Aulencia juntos.
Montamos mi máquina y mientras lo hacíamos y le enseñaba a Otto parte de mi futuro proyecto de bicicleta (Anduril II) acertamos a ver a un grupo de btteros jarto equipados y a buen ritmo, que cabalgaban en nuestra misma dirección (y todos iguales de indumentaria) que podían ser una interesante compañía pero como no habíamos acabado de montar mi bici (falta de práctica, que le vamos a hacer) vimos como se alejaban, haciéndose imposible darles alcance aunque hubiésemos volado.
Iniciamos el cami
no por carretera, recorriendo unos 300 metros para desembocar en la rotonda cuya segunda salida nos daba acceso a la Urb. Villafranca del Castillo. Para los que no la conozcáis es un compendio de chalezazos, con amplias zonas comunes, colegio y universidad en su interior, fantásticamente cuidado que hace que circular por sus calles sea un agradable paseo. Cogimos la calle unos 500 metros para luego girar a la derecha y desembocar en nuestro primer contacto con el “no asfalto”. Se trata de una amplia avenida con una arboleda en su centro que separa los dos sentidos de la circulación con anchura suficiente como para permitir un camino por donde circulan corredores paseantes y ciclistas en perfecta armonía, disfrutando de la agradable sombra que los árboles proyectan sobre él y los que lo disfrutan cada día.
Acabada la arb
oleda y la sombra, cogimos otro pequeño tramo de carretera saliendo a la derecha que nos condujo al centro comercial de la Urbanización, donde las terracitas no dejaban de llamarme al desayuno. Salvadas las tentaciones iniciales y en la rotonda a la altura del mismo, continuamos nuestro camino recto hasta abandonar el asfalto y adentrarnos en un camino que nos conduciría entre encinas, a la parte de la dehesa de Majadahonda lindante con la desdoblada M 503 que pasaríamos por debajo atravesando el puente que con las últimas lluvias había quedado anegado, cubriendo nuestras bicis casi hasta el inicio del cuadro desde abajo, espectacular. Foto salpicando, agua fresquita en los pies y camino de nuevo. A la salida repecho y otro repecho, como era de esperar me costó más de lo que pensaba, pero es lo que tiene la falta de actividad. A pesar de mis limitaciones no perdí rueda de mi acompañante que marcaba un buen ritmo y a cuyo favor estaba el conocimiento del terreno.
Más camino y bifur
cación hacia la izquierda, dirección a la estación de seguimiento de satélites que desembocaría en la carretera que llega hasta la misma puerta, giro a la derecha a coger camino y allí estaba, imponente, el castillo del Aulencia en un promontorio, vigilante y majestuosamente decadente. A saber las reacciones que provocaría entre la gente en sus años de máximo esplendor.
Para entrar al castillo ( o por lo menos intentarlo porque está cerrado su acceso al público, salvo que pidas permiso para entrar desde un picadero próximo) hay que rodear el promontorio, hasta alcanzar el rio Aulencia que discurre a su vera, tranquilamente. No es difícil encontrar caminantes y más bikers por estos pagos, y de paso cambiar impresiones sobre la ruta realizada, aclarar dudas de los accesos y caminos de alrededor y desearles feliz ruta. Es otro de los encantos de este deporte.
Rodeado el ca
stillo llegamos al punto de no retorno (o de retorno según se mire) mi acompañante, como buen zapador iba a explorar la segunda parte de la ruta, mientras que yo iba a deshacer lo andado. Tampoco había que llegar muy tarde a casa, había que comer y echar una mano. Pero se torció por una tontería, en un intento de meter algo más de aire a mi rueda trasera, que lo pedía a voces, cogí la bomba de mi acompañante (la mía estaba en mi coche) y el efecto resultó el contrario del esperado, esto es, en vez de dar aire a la rueda, lo quitó, de forma que en un abrir y cerrar de ojos me encontré con la llanta tocando el suelo.
Tras fallidos intento
s, maldiciones varias, y demás reacciones que se tienen cuando un percance de este tipo te estropea la ruta, parece que íbamos a poder ver la luz. Un veterano bttro (que gusto poder hacer lo que a uno le guste a esa edad) equipado con una bomba podría tener la llave para que nosotros pudiéramos completar la marcha. Pero no, tras 45 minutos de terapia de choque con la cámara (y paciente espera de nuestro facilitador) y por no entretenerle más lo dimos por perdido, agradeciendo la colaboración a nuestro acompañante circunstancial y decidiendo deshacer el camino andando hasta donde uno u otro pudiera ir por el coche para, tras desmontar mi negrita y la espada de Otto, cargarlas en el coche y enfilar hacia casa.
En resumen, ruta fallida pero recomendable, solo 7.7 km recorridos pero con ganas de hacerla de nuevo y completarla en el futuro, ya sea con mi negrita o con Anduril II
No hay comentarios:
Publicar un comentario