lunes, 30 de enero de 2012

Una fiesta del mtb

El sol quiso sumarse a la fiesta en las eras de Valdemorillo, su presencia era de agradecer pero aún intentándolo no calentaba lo suficiente y los bikers allí congregados optaron por la ropa de invierno, chaquetas Windtex y culottes de manga larga (o debería decir pierna larga?).

Así, taciturno pero brillante hacía el astro rey acto de presencia para acompañar a los casi 1500 colgados de toda la geografía española que, con “las bicis esas de montaña con las ruedas gordas” (seguro que alguna de vuestras madres ser refiere de esta forma a vuestras queridas máquinas de pedalear) se congregaban en la salida de la XXI Clásica de Valdemorillo.

Pero no todo el mundo iba de largo, un par de osados desafiábamos a las gélidas temperaturas y lucíamos nuestras no depiladas piernas para deleite de las mozas allí presentes y levantando alguna sorpresa entre los más de los participantes.


Tras el atasco inicial considerable, (no es fácil hacer salir a casi 1500 personas con sus 1500 bicis y aperos varios de un recinto algo reducido) el movimiento empezó a ser fluido, lo freakies (ó friquis en castellano) encabezaban el gran pelotón y decidieron poner tierra de por medio para evitar disgustos. Mientras los que nos tomamos la marcha con espíritu más festivo, entre los encontrábamos los dos zapadores de Mountainñeros desplazados para inspeccionar el terreno y sumar la ruta a las realizadas y puestas a vuestra disposición en el blog cuando la tecnología lo permita (tengo parte del track de esta pero me faltan como unos 7 km en que mi “aparataje” no funcionó correctamente. Lo siento) nos situamos a cola de grupo con la ilusión de, poco a poco ir remontando posiciones.

La primera parte de la ruta discurría por un terreno favorable por una pista ancha que nos internaba en la dehesa de Valdemorillo entre fincas y sobre cañadas reales, supongo que para no desanimar al personal por el recorrido. Aún así al inicio de la primera rampa (dura como todas pero más si cabe apenas ciclados unos 2 km) y visto el atasco provocado por la cantidad de bikers que intentaban subir, se vio a un tipo con mucha pinta de profesional que decidió irse ante el cariz que tomaban los acontecimientos (a quien se le ocurre meterse en una ruta donde la mayoría de participantes van a pasar la mañana del Domingo sin ánimo de competir y cada uno a su ritmo). El atasco hizo que hubiera que echar pie a tierra al inicio de la subida por lo menos hasta que se despejase el terreno.


La verdad es que yo no era muy consciente de lo que me iba a encontrar (hacía muchos años que no participaba en una cosa de estas) y tampoco de cómo iba a responder a la exigencia física a que iba a someter a mi no tan lozano cuerpo ya. Otto, mi acompañante,debía ir mejor que yo ya que el si ha hecho incursiones de zapa e inspección por los aledaños de Majadahonda a lo largo del año, así que procuré marcarme un ritmo que no me supusiera mucho desgaste ,(a nuestras edades 35 km en btt son unos cuantos, y más si no montas con frecuencia) Otto como fiel guardaespaldas y experimentado zapador se adaptó a él durante toda la prueba y así anduvimos.


Mención aparte merece el material y las conversaciones mantenidas por algún que otro friqui sobre bicis y demás. Por allí el aluminio y otras aleaciones impronunciables (más para mi que no es que esté muy puesto) hacía que mi cuadro de CR-MO (cromoli creo que se llamaba en mi época prestado por Arfonzo pq mi anduril II más acorde con la actualidad no está aún montada) que antaño era el último grito parecía hierro oxidado. Con unos 14 kilos no tenía mucho que decir ante los 8 ó10 de las bicis actuales. Aparte de esto había gente que conversaba sin esfuerzo (yo tenía bastante con dar pedales) de la “otra” bici que aparte de la de descenso tiene no se quién. En fin paquedecirnada…. Por allí se veían suspensiones monobrazo regulables en no se que movidas, cuentakilometrospulsómetros (o debería decir ciclocomputadores) que emitían un pitidito diferente en cada situación y que si tuviese que manejar este que escribe necesitaría de un master para hacerlo. Vamos un mundo lleno de posibilidades para un tipo como yo demasiado influenciable por los tecnogadgets para cualquier disciplina.

En estas la prueba seguía y nos llevaba por caminos entre pinos y encinas centenarias que se asomaban a las sendas (con el tráfico bastante más fluido ahora) y nos daban la bienvenida, imperturbables y ofreciendo una sombra (para el verano debe ser una gozada) y un entorno digno de recorrer y fotografiar una y mil veces.

Así anduvimos hasta el primer avituallamiento en el km 18 situado antes de  un cruce de una carretera bastante transitada que volvió a contraer el grupo y generar algo más de atasco.


Desde ahí en adelante, el rompepiernas que fue la marcha se hacía más rompepiernas si cabe, alternando empinadas pendientes con descensos prolongados, torrenteras y trialeras que hicieron las delicias de casi todo el personal.

Pero la organización se guardaba un par de sorpresas para el final, acabado el agradable trozo que picaba hacia abajo, la carrera atravesaba la carretera de El Escorial y nos enviaba hacia la urbanización Pino Alto, una aparente cuesta que por asfalto debía ser más llevadera pero que en realidad fue de lo más duro de todo el día, el kilometraje acumulado y el cambio de ambiente (pasar de campo a ciudad siempre cuesta) hizo que las exigencias fueran máximas (plato pequeño piñón grande, que lo sepáis) haciendo mella en todo el personal.

Tras ello volvimos al campo, un poco de pinos y encinas, para continuar un largo trecho entre jaras por sendas donde el adelantamiento era prácticamente imposible (me encantó este trozo) para desembocar en una rampa antes del segundo avituallamiento donde el recorrido se dividía en la ruta para los temerarios (aquellos que hacen del mtb casi su profesión) y la de los valientes (la gente normal, porque acabar la prueba ya es para ganarse este apelativo).

De aquí al final una última rampa que parecía que no acababa nunca y que hizo que el grupo se pusiera en fila de a uno (como casi todas del recorrido) y por fin leve descenso y la meta, donde a la hora que llegamos (serían las 14.30) había mucha gente que ya se había ido a casa.

En resumen buena jornada de mtb bien organizada (salvo los atascos del principio y mitad de etapa lo demás estuvo fenomenal) por un entorno envidiable. Mtb, camaradería, ambientzo biker, buen rollo, civismo que animan a cualquiera a cerrar el ciclo del mtb 4 estaciones. Y lo mejor, la sensación que te deja haber acabado la marcha. Indescriptible. La siguiente en Mayo en San Martín de Valdeiglesias. Seguiremos informando.

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