La cita era sobre las 11.15 de la mañana, en mi fuero interno estaba convencido que iba con tiempo, pero está claro que no. Había que poner aire a las ruedas, retocar alguna cosilla. En fin las típicas cosas que tienen un largo periodo de inactividad ciclística.
Con el tiempo justo llegué a la Villa y como era de esperar los aparcamientos se quedaban pequeños ante la afluencia de bikers que querían participar en alguna de las tres pruebas. 19,35 ó 50 kms esperaban a los más de 2000 que nos dimos cita en Valdemorillo.
Como digo la habitual quietud y tranquilidad de la bella villa se vió afectada por el evento, aún así y no sin suerte encontré plaza para mi coche en uno de los aparcamientos, próximos a la salida.
Este año no me acompañaba ningún mountainñero zapador, pero había quedado con otros compañeros de ruta (por qué no decirlo) “más matxacas” que yo.
A pesar de ser consciente de esta inferioridad mi carácter indómito (esto si es una licencia literaria) me hacía no amilanarme, y como se solía decir hace tiempo (y aún todavía se dice) había que “mantenella, no enmendalla”.
Mis compañeros ( por lo menos de inicio) de marcha se impacientaban. Sus monturas de guerra bufaban incontroladas a través de sus ollares y el vaho se hacía impenetrable(efectivamente es otra licencia literaria y muy licenciosa, evidentemente las bicis no resuellan J), el teléfono sonaba y al otro lado se escuchaban toda clase de lindezas, fruto por supuesto de los nervios de los debutantes. Yo perro viejo, aunque no tanto, era perfectamente consciente que aquello demoraría todavía algo. Más si había que repartir dorsales, y organizar las salidas de las tres pruebas. Y con toda mi flema y tranquilidad se lo transmití a mis compañeros por el celular.
Habíamos optado por la ruta intermedia, a mi edad y en mi estado, la ruta larga se me antojaba de superhéroes, así que preferimos apuntarnos a la ruta terrenal. Mis compañeros optaron por la prudencia ante el desconocimiento del terreno. Pero tras hacer el Talajara uno de ellos igual habría podido optar a la ruta larga.
El recorrido era prácticamente el mismo que el del año pasado. Es lo que tienen estas clásicas. Este año se había incluido avituallamiento caliente en el punto intermedio y al final. Todo un puntazo de la organización. Si no preguntad como les supo el caldo y los perritos calientes al resto de los participantes. A mí el caldito, me supo a gloria.
Los 6 grados que nos recibieron, no subieron de los 8 en todo el recorrido, para quedarse en 8,5 al final (14.30-15.00). Además flotaba humedad en el ambiente y la sensación de lluvia inminente nos acompañaría toda la ruta.
Entre chubasquero y pantalones largos para combatir el frio y la humedad (yo iba con las piernas al aire, todavía no me hago a las mallas largas) se dio la salida.
Este año no estaba dispuesta en el descampado de delante del IES si no que se había desplazado al lado del polideportivo Eras Cerradas, supongo que para facilitar el acomodo de los numerosos participantes.
La serpiente multicolor inició su singladura por el bello casco viejo del pueblo, donde a pesar del tiempo la gente salía a saludar y animar a los participantes. Es este capítulo también destacar la presencia de aficionados próximos a la línea de meta cuando el aliento de la grada después del recorrido rompepiernas es más necesario y más se agradece.
Pronto nos internamos en la dehesa del municipio. Esta circundado por varias cañadas reales y, cada año, la clásica circula por tramos de estas. Nuestro pequeño grupo aún se mantenía junto este trecho, por lo menos hasta la primera subida como en el km 5, último momento que compartí con todos ellos.
A mi favor tenía la experiencia del año pasado, cuando casi con las primeras pendientes tuvimos que echar pie a tierra. Este año no fue así y entrando por unos y otros huecos, conseguí seguir sobre mi montura hasta que la aglomeración fue tal que encontrábamos más gente caminando que sobre la bicicleta. Este repecho y su situación en carrera debería ser tenido en cuenta por la organización, ya que los dos años que he participado me encontré con el mismo problema. Ahí dejo la sugerencia para el fututo.
Tras el repecho la marcha se hace más liviana aunque sin perder su perfil de sierra. Constantes subidas y bajadas van minando la resistencia de los participantes, haciendo las delicias de unos y otros, dependiendo de si te gusta subir (estos somos pocos) o bajar (la mayoría). La distancia a medida que se recorre, el ritmo de cada uno y el selectivo repecho anterior hacen que la prueba empiece a dejarse disfrutar. Sin agobios. Cada uno a su ritmo y con su conversación o callado si lo prefieres.
El entorno también ayuda, pinares, encinares, arroyos y pequeños ríos junto con el suelo aplastado por la lluvia de los días pasados, hacían que el campo estuviera perfecto para manchar un poco la bici.
Así transcurría la ruta cuando tuve que hacer una primera parada técnica. Mi tonelaje hizo que el sillín se bajara haciéndome parar a solucionar el incidente. En este momento mis compañeros de viaje a los que perdí la pista en la subida por caídas y desencuentros, me dieron alcance y siguieron para delante. Desde ese momento seguí verdaderamente solo. Sabía que iban mejor que yo, y sentí hasta un pequeño alivio por no hacerles perder su ritmo. Ahora era mi marcha. A mi ritmo. Ya habría tiempo luego para verles y si no pues ya comentaríamos la jugada el lunes.
El Mountain Bike es un deporte que, nosotros por lo menos, practicamos en grupo sin ánimo de competir. Lo hacemos para disfrutar de la naturaleza y los amigos y compañeros. Pero también te permite practicarlo en solitario. Esta última versión te permite estar tu solo con la bici y el entorno. A tu ritmo. Y también es agradable
Tras la primera parada técnica y reincorporado a la marcha, hacia el Km 15, tuve otro pequeño percance. Una de las pastillas de mi freno delantero, se desprendió al recibir el impacto de una piedra. Debo decir que no me percaté hasta que la rueda delantera empezó a hacer ruidos extraños y otro participante me dijo al pasar algo así como “¡llevas música!” .Mi sagacidad me hizo entender que sin duda se refería a mi rueda. Intente recuperar la pastilla pero era demasiado tarde, ya la había dejado atrás.
Mi única solución era la asistencia técnica en el km 19 del avituallamiento, era cuestión de rodar hasta allí.
El avituallamiento fue bien recibido, al menos por mi parte. La humedad entumecía mis viejos músculos y la serenata que daba mi rueda empezaba a ser un poco molesta.
Me puse a la cola del servicio técnico mientras me reponía con una deliciosa barrita, pero al final no había pastillas de repuesto. Me recomendaron no quitar la que me quedaba para evitar el desgaste del disco y me dijeron que podía seguir, con cuidado.
Con las malas noticias apure el caldo y la fruta y me dispuse a continuar, quedaba un rato todavía y no quería que se hiciese tarde.
Del KM 19 hacía adelante comenzaba una serie descensos, hasta una tachuela (como en el 22) que aunque corta se hizo muy exigente a la vez que accidentada, por las piedras sueltas.Yo la pase bien.Bueno todo lo bien que mi estado me permitía, pero me encontré a otro biker que se había golpeado y andaba renqueante.
A continuación llegaba otra serie de descensos y torrenteras entre rocas bastante exigentes técnicamente que hice a pie. Bajar por allí sin los frenos en condiciones era como tirarse de cabeza a una piscina con poca agua.
Incluso con los frenos en condiciones podía darse algún susto. De hecho encontré una chica que se había caído golpeándose la cabeza. Afortunadamente la vi a ella y a su acompañante en la meta, donde les pregunté y me dijeron que fue solo eso, el susto.
Tras este trozo la subida a Pino Alto por carretera, algo incómoda dada la cantidad de Kms rodados y a partir del Km 30, comienza, desde mi punto de vista, la mejor parte del recorrido. Senderos que discurren entre pinos y jaras, que hicieron las delicias de los participantes.
La ruta acababa picando hacía arriba, con un último repecho bastante duro de 1Km en el que no me sirvió ni la experiencia del año pasado. Agotado como iba tuve que echar pie a tierra. ¡ Y menos mal!. ¡Al bajar y empujar la bici no podía estirar las piernas!. Alcanzada la cumbre volví a montar a Andúril para concluir tras el ligero y agradecido descenso que conducía a la meta.
En resumen, como el año pasado una buena jornada de mtb. Cansado pero contento de haber acabado. Un puntazo el caldo y los perritos calientes, pero como dije al inicio, deberían revisar la posición de la primera subida para evitar aglomeraciones.
¡Nos vemos en La Rocosa en Marzo!

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